Cuando tenía algo así como cuatro años, mi mama me dio un sobre. Ese día era un 11 de abril el día de mi cumpleaños. Recuerdo que mi mama me dio un sobre cerrado y me dijo que era un regalo
Un sobre era un regalo muy poco usual para una nena que no sabe leer. Ya sabes cuando tienes cuatro años entiendes muy bien lo que el dinero puede hacer en tu vida. A esa edad ya estaba acostumbrada a los tradicionales domingos. Recibir un billete para una niña de cuatro años, esa era yo, solo significaba un viaje a la farmacia de Mary. Mary es la esposa del doctor Leyva que tiene su consultorio por la calle Independencia. Yo crecí en esa farmacia comprando dulces y golosinas a tal grado que cuando mi abuelita Licha me preguntaba sobre mi abultada pancita yo le decía que la había comprado con “Mady.”
Pero bueno esa no es el tema que me inspiro hoy si no el hecho que ese día me lleve una decepción horrible. Cual fuera mi sorpresa que cuando mi abuelita me hizo el favor de abrirme el sobre para ver que era me salio con la sorpresa que una amiga de la familia me había enviado un telegrama de felicitaciones por mi cumpleaños. En aquel entonces tome el telegrama y lo guarde con las fotos de la familia. Hoy ese lindo detalle esta guardado celosamente en la caja de mis mejores recuerdos.
Hoy en el trabajo leyendo el periódico me entere de una noticia un poco triste y es que el los Estados Unidos el servicio de correos de Wes tern Un ion mando la semana pasada su ultimo telegrama. Y digo que es triste porque esto solo refleja que dentro de poco tiempo este lindo servicio no existirá mas y solo nos quedaran los recuerdos y lo papeles que celosamente guardamos.