Me parece bastante curioso los recuerdos que en la mente se pueden almacenar y es que el otro día la perilla de una puerta me transporto hasta Colotlán.
Tal vez parezca exagerado que una sola perilla de puerta pueda transportarte de lugar y tiempo. Pero es verdad, mis recuerdos se volvieron tan claros que por un segundo pensé que al abrir esa puerta estaría en casa de mi abuelita.
Pensé que al abrir esa puerta estaría en el diminuto corredor que llevaba a la recamara donde ella dormía. Alcancé a ver dos camas pequeñas, las cuales aun tenían sus colchas, en ellas a una abuela con su nieta antes de ir a la cama rezando, también vi su ropero el cual resguardaba chocolates de mis preferidos. Al salir, el patio con su piso de color rojo me dio la impresión que todavía estaba recién puesto. Entre hasta la diminuta cocina con su pequeño fregadero, abrí la alacena y todavía estaban las cajitas con chocolate “Tres Hermanos”. La mesa era todavía la misma pequeña mesa de granito con sus bancos.
En menos de un minuto todas esas imágenes pasaron por mi mente, me llenaron de recuerdos de la casa de mi abuela y todo eso lo provoco una simple perilla.