No pasan más de dos semanas sin que mi mama me platique que soñó a alguien que ya esta muerto. Pero a decirles verdad ya estoy acostumbrada.
Desde que nació mi madre las ánimas la siguen. Desde su cuna ella conoció a don Juanito, una anima con jorongo que le sonreía y le platicaba. Mi bisabuela Rebeca, a quien le debemos nuestro nombre mama y yo, era una fiel devota de las ánimas benditas.
Cuando mi madre empezó a tomar conciencia la abuela Rebeca le enseño a rezar a las animas benditas. Desde entonces mi madre es seguida dentro de sus sueños por ánimas que buscan alguna oración. Me sorprende la naturalidad con la que mi madre me platica que ya mejor dejo de rezarles porque cada vez que les reza estas ánimas no la dejan en paz.