Caminando por la calle, solo hay un color que atrae toda mi atención. Ese color es el amarillo canario, pronto mi atención se fija en ver si es un jeep. En 99% de los casos no lo es. Pero cuando ese uno por ciento es un jeep amarillo canario mi mirada se ilumina y me lleva a recordar el jeep amarillo que mis hermanos tuvieron hace muchos años.
Hace muchos pero muchos años una tarde de verano, regresando de una visita a casa encontré frente a ella un jeep amarillo canario con placas de California, cargado de cosas y visiblemente recién llegado. Mi gran sorpresa al entrar a casa fue que mis hermanos acaban de llegar de California y el jeep de afuera era de ellos.
Todavía creo que nunca hemos disfrutado algo más que ese jeep, solía hacer guardia para en cualquier momento que uno de mis hermanos saliera pronto subirme a jeep y que nadie me moviera de ahí.
Mis hermanos le instalaron unas bocinotas y un estero con el cual traían la música a todo lo que da, y hasta recuerdo que en plena misa el padre hizo referencia al ruido que estos hacían en las noches y que no lo dejaba dormir.
Recuerdo que una vez que fuimos a cenar a Santa Maria al mercado, logramos entrar 9 personas en el jeep, creo que el regreso fue lo difícil.
Cuando mi familia se fue a vivir la ciudad de México en el 92, ese jeep fue el que me saco de Colotlán con 11 años y un pie roto.
Mucha gente de Colotlán que visitaba la capital nos platico que alguna vez había visto el Jeep amarillo.
Si algún día me puedo comprar un jeep este será uno amarillo.