Hoy domingo mientras me preparaba para ir a misa, me puse a reflexionar. A mi no me gustan los domingos, excepto los domingo en Colotlán.
Digamos que los domingos los dejo de disfrutar porque no se me olvida que el día siguiente es lunes. Esto de “los domingos” me llevó a recordar que cuando era una chiquilla me encantaban los domingos.
Y es que cuando yo era chica mis tíos sin excepción me daban lo que llamamos “mi domingo” una cantidad de dinero proporcional a cuanto tiempo tenias que no veías al tío.
Recuerdo que desde aprendí a pedir domingo no se me escapaba nadie. Después de ir a misa me daba a la tarea de ir a visitar a mi abuela, y de ahí a estar en la calle a esperar algún incauto a quien sorprender y pedirle mi domingo.
Pero en realidad, cuando me iba de lujo era en mis visitas a mi abuela en México, me toco la suerte de que la gran mayoría de mis tíos maternos estaban solteros y no los veía tan seguido así que cuando les tocaba azotar la lana pues eran bastante generosos.
Muchas veces los que somos tíos nos preocupamos tanto en que regalarles a los sobrinos que finalmente desistimos. Pero no nos damos cuenta que los niños no saben de precios o de calidad. Por eso les agradezco a mis tíos, que a sus posibilidades nunca me negaron mi domingo.