En una de mis visitas a Colotlán me di cuenta que traía un par de pantalones que no había tenido tiempo de hacer ajustar antes de irme de vacaciones.
Pronto me di a la tarea de preguntar a mi familia donde ir a que me los arreglaran. Alguien me sugirió ir con el sastre de la calle Morelos pero la ultima vez que había ido con ese señor tuve una experiencia horrible puesto que aparte cobrarme lo mismo que me cobran aquí en una reconocida tienda me dejo mi pantalón mas brilloso que una superficie cromada.
Así que empecé a buscar a una costurera de las cuales abundaban cuando yo era chica.
Después de varios días de búsqueda y extensas caminatas, porque las costureras o ya no se dedicaban a la costura o se habían cambiado o estaba bien difícil encontrarlas, por fin una vecina acepto arreglarme mis pantalones.
Todo esto me llevo a preguntarme porque será que cada vez hay menos costureras. Y es que en mi casa hay una maquina de coser que ni mi mama ni yo sabemos utilizar.
Pero como todo tiene una explicación. Todo empieza por mi abuela materna, mi abuelita Lucita fue de joven, una chica muy consentida que prefería dedicar su tiempo al arte y nunca agarro una maquina de coser. Al punto de rechazar a un pretendiente por los insistentes comentarios sobre la hermosa maquina de coser que la esperaría después de la boda.
Después cuando mi madre era chica padecía de un problema en un ojo causa por la cual no le permitían hacer costura o trabajo manual que necesitase de buena vista.
Y ni hablar de mi persona, yo durante mi niñez asistí a innumerables cursos para aprender a coser pero tres generaciones sin coser me afectaron genéticamente y la verdad es que nunca aprendí.
Mi abuela paterna si sabia coser y nos dejo su maquina que cuidamos con mucho esmero porque dentro de sus cajones aun guarda el olor de mi abuela Alicia.
Y ustedes saben coser?